Durante las pasadas semanas el debate sobre el referéndum catalán ha sido intenso y acalorado en el territorio, y es presumible que lo seguirá siendo en los próximos días. Desde las opiniones vertidas por ciudadanos comunes -entre los que me incluyo- en las redes sociales, a los comunicados de los diversos partidos y ayuntamientos y hasta del propio Conselh Generau d’Aran, el asunto está en el centro de la actualidad.

Hemos podido conocer las opiniones, argumentos y posicionamientos de unos y otros, exponer nuestros propios razonamientos, y en ocasiones hasta debatir acaloradamente. Y si una conclusión extraigo de estos días es que la población de Aran irradia una cultura política y democrática rica en matices.

Al tratarse de un emplazamiento geoestratégico, el territorio Aranés ha forjado durante siglos pactos y alianzas con diversos actores políticos supraterritoriales que asegurasen y promoviesen el progreso social, cultural y económico del territorio. Con avances y retrocesos según la época histórica, Aran siempre se ha adaptado a las circunstancias.

Ahora bien, ¿Qué status quo deseamos para el futuro de Aran? ¿Qué propuestas hay encima de la mesa? ¿Cuál es el plan para los próximos años? Más allá de mensajes abstractos y conceptuales, ni las propias organizaciones políticas han planteado objetivos que podamos debatir y acordar, a saber:

Seguir con el ordenamiento actual con un Aran como provincia de Lleida; Fueros araneses; Aran, estado libre asociado a España; Aran, estado libre asociado a Francia; Aran, provincia de Huesca; Aran, estado europeo…  Los pros y contras de cada una de las opciones deben ser estudiados y debatidos meticulosamente, sin demagogia ni “saltos de fe”. Y solo cuando un porcentaje mayoritario y significativo de los araneses y aranesas estuviesen de acuerdo con ese plan, salir a negociarlo con las instituciones pertinentes ya que, desde mi punto de vista, con la ley de Aran se hizo al revés.

Se abre un nuevo período: desde el año 1991, en el que recuperamos el Conselh Generau d’Aran, el status quo del territorio se ha mantenido en una cierta “comodidad institucional”, pero para bien o para mal los araneses y aranesas vamos a tener que empezar a pensar en encontrar un nuevo encaje territorial puesto que el actual se va a tornar insostenible -a las tensiones territoriales del estado español me remito-.

El 1 de octubre se acerca, y aunque a partir del 2 pueden cambiar muchas cosas en Cataluña -o no, ya lo veremos-, en el Valle de Aran debemos abrir nuestro propio debate de futuro, sin supeditarnos a los intereses de Madrid o Barcelona y teniendo claro que nuestros representantes políticos deberán ejercer de interlocutores al más alto nivel y negociadores ambiciosos; Necesitaremos estadistas.

 

Opinión de Jacint Berengueras, CEO Ocstem Solutions